Las 10 mejores canciones Indie del 2011 – Top 10 indie music

Las 10 mejores canciones indie del 2011 para indiespot.es. Puedes escuchar los temas pulsando el nombre de la canción. Disfruta de esta gran lista.

Extra bonus track .- 11. King Creosote & Jon Hopkins – ‘Bats In The Attic’ (Diamong Mine)

Diamond Mine es uno de esos discos que corren serio riesgo de caer en el olvido más absoluto. Siete canciones, 32 minutos. Eso sí: 32 minutos de deleite. Esta es la tercera, una canción sin estribillo, cantada a dos voces,  una ventanita a un pedazo de vida con campanarios que dan las tres, murciélagos en el ático y novelas que no cambian los nombres. Tiene algo ese maridaje de voces, ese salto del “it’s such a waste of all that we had” al “it’s such a waste of all that I am” que marca el final del descenso. Tras él suena un rio durante unos segundos. Cantan unos pájaros y sin que nada concluya realmente, comienza ‘Running On Fumes‘. No se pierdan este album, en serio.

10. Lana Del Rey – ‘Video Games’ (Video Games)

Uno recuerda la primera vez que escucha algo como ‘Video Games‘ de Lana del Rey. En mi ocasión fue muy entrada la noche, en mi habitación y con los auriculares puestos. Me quedé sin palabras. No sabía dónde ubicar esta artista surgida de la nada y capaz de hacer una canción tan sensual pero al mismo tiempo oscura, con ese ritmo tan lánguido que remite a ‘Hold Time‘ de M. Ward. Con esa letra que habla de videojuegos, de chicas malas y de chicos a los que les gustan las chicas malas. Con esa sencillez y esa fuerza al mismo tiempo. Han pasado unos meses y todavía no sabemos dónde situar a Lana del Rey, pero con ‘Video Games‘ tendrá siempre una auténtica joya.

9. The Joy Formidable – ‘Whirring’ (The Big Roar)

Es posible que más abajo les digan lo contrario, que les intenen convencer de que ésta no es la canción más épica del año. Allá ustedes. Para quien escribe, si nos ceñimos a este concepto ‘Whirring’ es sin duda lo más memorable que ha parido una guitarra durante los últimos 365 días. ¿O debería decir un avión supersónico? Porque eso es lo que me imagino cada vez que Ritzy Bryan entona el primer “Turn the dial on my words” y un viento huracanado lo arrasa todo sin piedad. Se desata entonces una furiosa tormenta de dimensiones bíblicas que va cargándose de electricidad para estallar en una larguísima y eufórica coda instrumental que, hacia el final, si se han dejado atrapar, trasciende lo musical para convierte en algo físico. Músculos agarrotados, venas hinchadas, palmas sudorosas… Épica, amigos. Épica.

8. St. Vincent – ‘Cruel’ (Strange Mercy)

Quien le haya dado unas cuantas escuchas al grandérrimo Strange Mercy sabrá a lo que nos referimos con lo de que ‘Cruel’ es una de las pocas concesiones que St.Vincent le hace a la luz en su tercer trabajo. Deliberadamente pop en la superfície, Annie Clark abre aquí la ventana y de repente la asespia de sus diez compañeras de viaje se torna almíbar a lomos del tarareable “cru-uh-uh-uh-uel”, que junto con el punteo de guitarra encandila falsamente, haciendo creer al cándido oyente que está ante un tema dulzón, intrascendente y espumoso. Lo parece pero no lo es, claro. Porque si uno rasca, que debe, descubrirá las diferentes capas de la cebolla, las que pican, y en ellas la fascinante dualidad con la que juega Annie. “They could take or leave you, so they took and they left you”. Crueldad innecesaria disfrazada de cordero. Irresistible.

7. Bon Iver – ‘Holocene’ (Bon Iver, Bon Iver)

En su contexto, ‘Holcoene‘ es una especie oasis. Es la puerta de entrada al que sin duda es uno de los discos de año. No por abrirlo, sino por no necesitar más de una escucha para ser amada. A la primera, los dobles bombos de ‘Perth‘ intimidan, los saxos de ‘Minnesota, WI‘ descolocan… Luego todo encaja, pero ‘Holocene‘, con esa guitarra inicial que brilla como destellos de un sol de invierno sobre agua limpia, te abraza desde el principio, se te mete dentro desde la primera vez. Suave sin excepciones, brillante sin pausa, emocionante como solo Justin Vernon sabe hacerlas. Una joya.

6. Yuck – ‘The Wall’ (Yuck)

¿Cómo es possible que después de 200 escuchas siga siendo absolutamente incapaz de no hacer el “yeeeeahhhh” del 2:55? Es superior a mí, de verdad. Cada vez que suena esta canción se me pone una sonrisa grande la cara, se me carga la barrita de vida. Me dan ganas de vivir cerca del mar, tener una bicicleta sin marchas y una novia rubia que esté a punto de dejarme por un tío más guapo. Infalible. “And I know that I’m in space, and I know that it’s not real, it’s just the way that I feel, it’s just the way that I feel!”.

5. The Black Keys – ‘Lonely Boy’ (El Camino)

El Camino es el Wolfgang Amadeus Phoenix del rock: tiene demasiados hits. Escogemos este porque el disco ha salido hace poco y es sobre el que existe el consenso de la redacción, pero quien lo tenga trillado convendrá conmigo en que en esta lista cabrían otros tres temas de este álbum. Ahora bien, ¿se puede escuchar este y no querer devorar el resto? Ha servido de adelanto y es el comienzo de un disco sobresaliente. Rock and roll bailable, sexy, con un toque glam y un sonido sencillamente acojonante. Pelotazo sin concesiones.

4. The Rapture – ‘How Deep Is Your Love?’ (In The Grace Of Your Love)

Con permiso de M83, el regreso de The Rapture les ha hecho recuperar el trono de la música orgánica de baile, un poco más triste desde la desaparición de LCD Soundsystem. Precisamente a los de James Murphy remiten ligeramente en ‘How Deep Is Your Love‘, una brutalidad de seis minutos y medio que no baja el ritmo en ningún momento. Al contrario, lo sube: cuando crees que la canción ya te lo ha dicho todo llega el estribillo y te rompe en dos con el ‘más difícil todavía’. A partir de ahí, la canción tira sola: las cuatro notas de piano repetidas eternamente, la batería discotequera marcando el camino y la sobrada final de incluir un solo de saxo en el año de los solos de saxo (Destroyer, Bon Iver, M83… ¿pero qué pasa?). Y cuando todo coincide, como sucede en los dos minutos finales de la canción, uno no sabe ni hacia dónde mirar, ‘How Deep Is Your Love‘ es una coctelera agitada delante de nuestras narices a punto de explotar y nosotros solo podemos… bailar.

3. EMA – ‘California (Past Life Martyred Saints)

El necesario contrapunto. Entre tanta alegría, tanto baile, tanto buen rollo, es necesario un poco de oscuridad jodida. La de EMA es genuina, la de ‘California‘ es auténtica (“fuck California, you made me boring“), y es de las que desarma. ‘California‘ es una canción dura, despectiva, pero al mismo tiempo insegura y adicta, triste (“I’m just 22 / I don’t mind dying“). Arrítmica, en la que la voz flota encima de un mar de sonidos y distorsiones imposibles de diferenciar, como un mar de mierda sobre el cual EMA se despide de sus amigos y habla de armas y nos acaba generando adicción a nosotros, y un poquito de miedo, y algo de compasión. Buena mierda, vamos.

2. Destroyer – ‘Suicide Demo (For Kara Walker)’ (Kaputt)

‘Suicide Demo for Kara Walker’ es una canción como un sueño, una canción como un collar de una sola piedra brillante, como un beso que te deja carmín en el cuello. Es la canción con más clase del año, a años luz, a siglos de la segunda. Son ocho minutos y medio de alarde de buen gusto, de contención tántrica, de caricias sin piedad, de estilo. Dan no necesita recargar nada, todo está en su justa medida, es un catálogo de arreglos para babear, para que se le pongan a uno los pelos de punta. Y no tiene estribillos, ni rompe, ni se para en seco para explotar, ni tiene sombra de ojos, ni relleno en ningún sitio. Y sin todo eso te mata de placer. Simplemente maravillosa.

1. M83 – ‘Midnight City’ (Hurry Up, We’re Dreaming)

Desde el tercer segundo de esta canción, uno sabe que está delante del caballo ganador. El loop inicial de ‘Midnight City‘, con esos teclados retorcidos en continua repetición y esa apuesta descarada por la épica, solo pueden anticipar el hit del año. Luego de esa explosión inicial llega el reposo con la parte vocal, un receso que la canción solo utiliza para que la reaparición del riff inicial en el estribillo sea todavía más contundente. Con apenas unas cuantas notas, M83 han logrado hacer la canción del año, de apariencia y letra superficial pero de alcance infinito, una de aquellas canciones que dentro de unos años seguiremos escuchando y nos recordarán a 2011, el año en que M83 decidieron lanzarse a la pista de baile, meter solos de saxos en los finales de sus temas, y poner las discotecas del mundo patas arriba con una canción que, en realidad, tampoco tiene los requisitos para funcionar en la pista. Pero tal es el alcance de esas cuatro notas en repetición que pueden conseguir cualquier cosa, desde anunciar el desfile de Victoria’s Secret hasta hacernos volver locos a las cinco y media de la mañana. Descomunal.

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